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Tejedoras de Quinamávida recibieron apoyo en salud para disminuir dolencias producto de su labor

Estudiantes de la Escuela de Terapia Ocupacional UCM realizaron evaluaciones funcionales en terreno para que las artesanas puedan mejorar su postura al momento de tejer para que esta tradición no muera producto afecciones en la salud. La iniciativa se desarrolla en alianza con la Fundación Superación de la Pobreza y el Centro de Innovación Social de la Casa de Estudios.

Desde hace 45 años Georgina González se dedica al telar mapuche. En su casa de Quinamávida hace alfombras, cobijas, tapetes y más productos con lada. Dice que no concibe su vida sin el tejido y, por eso, cada mañana “lo primero que le pido a Dios, además de darle gracias por la vida, es que me dé fuerza y me ayude a elegir los colores para que se vea bonito el tejido”.

Pero tantas horas dedicadas a esta labor ancestral han afectado su salud. “Duele muy fuerte la columna, los brazos y la cintura”. Es que, como ella misma dice, nunca, desde que su cuñada le enseñó a tejer, no ha tenido un acompañamiento para cuidar su postura la tejer y así disminuir las dolencias para seguir con la tradición que transmitió a sus hijas y a sus nietas.

Por ello, hasta localidad de la comuna de Colbún llegaron los estudiantes de la escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Católica del Maule (UCM), quienes, a través del proyecto Tejiendo Redes, desarrollan estrategias para mejorar la calidad de vida de las tejedoras que están empeñadas en perpetuar su arte.

“Vinimos a acercarnos a la comunidad para conocer cómo ellos realizan el tejido en sus distintas formas y, además vinimos a hacer una evaluación funcional, es decir, observar las posturas que ellas adquieren al momento de tejer para poder hacer sugerencias para que prevengan muchos malestares”, explicó Daniela Robles, directora de Escuela.

Casa por casa, los jóvenes realizaron las evaluaciones y, con elementos simples como cojines, cajas o troncos, generaron adaptaciones que permiten a las artesanas desarrollar su labor de forma más cómoda. Con la información recogida en terreno, elaborarán material educativo para el grupo de 22 artesanas organizadas en la Asociación Nuevos Aires de Quinamávida.

ESPÍRITU DE SERVICIO

María Emilia Pinto, estudiante de primer año, calificó la experiencia como enriquecedora. “Nuestro primer semestre fue online y me interesaba mucho realizar actividades presenciales. Aprendí mucho y me encantó. Me gustaría que las tejedoras puedan conocer más su cuerpo y que se puedan dar cuenta de los cambios que se generan con el trabajo desde la terapia ocupacional y que, a futuro, no tengan complicaciones o que sus dolencias no avancen”.

La iniciativa que es apoyada por la Fundación Superación de la Pobreza y el Centro Integral de Innovación Social UCM, busca también acercar a los estudiantes a la comunidad para que pongan en práctica sus conocimientos.

Paula Ceballos, decana de la Facultad de Ciencias de la Salud UCM explicó que “traemos al estudiantado al lugar para que conozcan la realidad de las tejedoras y puedan realizar adaptaciones y entregan las herramientas que ellos adquieren en su formación, desarrollan vínculos y aportan a la comunidad desde el espíritu de servicio que es nuestro pilar fundamental como Universidad”.

 

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